El camino

Soy una maldita calamidad errante.
Suelo estar a los pies del Diablo alimentándome de sus utopías.

Si miro a mi alrededor todo es lúgubre.
Nunca encontraré la senda que me pertenece, ni siquiera sé si realmente existe.

Tal vez, sólo necesite una pequeña llama que me ayude a alumbrar el camino y quizás esa cálida luz seas tú.

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Distancia

Cada noche ambos admiraban el cielo.
Ansiaban ocupar otro lecho.
Él deseaba acariciar su pelo y
ella dormir sobre su pecho.

Pecador

Tus ojos son pecado
Cuando fijos me atraviesan
Y mi alma parten.

Tus labios son pecado
Cuando mi boca rozan
Y mi cuerpo acarician.

Tu pelo es pecado
Cuando, indomable,
Se enreda entre mis dedos.

Tu piel es pecado
Cuando la mía quema.

Tú eres pecado
Cuando te recuerdo.

¿Qué hora es?

¿Qué hora es?
Joder, llego tarde.
Por ese callejón llegaré antes.
Luis podría haberme acompañado.
Oh, ese perro lleva una rata en la boca. Qué asco.
¿Tendrá futuro nuestra relación? Yo le quiero pero…
¡Anda más rápido! Alguien te persigue.
Gira y escóndete. Aquí. En este portal.
¿Me habrá visto?
Mejor espero aquí un rato.
Para una vez que necesito el móvil está sin batería.
Aquí vivía una vieja loca, a lo mejor sigue viva.
Tengo frío, voy a salir corriendo.
¡ 1, 2, 3!
¡ Ese maldito hombre me ha encontrado!
Corre, corre que te alcanza.
Mierda.
Me suena su cara…
¿De qué me conoce?
Quiere engañarme, dice que es mi padre.
Yo no le conozco.
No conozco a nadie, sólo a Luis.
Todos tienen envidia.
Dicen que no existe.